El gol, como dice Eduardo Galeano en su libro "El Fútbol a Sol Sombra", es el orgasmo del fútbol. Por ende, todos aquellos capaces de generar tal sensación de delirio son siempre los más alabados, los héroes, y en ocasiones, son considerados dioses. ´
Andrés Iniesta no es precisamente un jugador acostumbrado a hacer que ese grito de jubilo estalle entre la hinchada, es más un futbolista que entrega siempre la pelota al más indicado, en el Barça, a Eto, Henry, Messi y otros invitados que de vez en cuando están bien posicionados para batir al arquero contrario, es decir, es un creador de fútbol en todo su esplendor, motor del Barça de Pep Guardiola que hoy anda tras récords apoteósicos y que ya se hizo de unos cuantos en el torneo local.
Es también, o lo era hasta el pasado miércoles, un jugador subestimado, al que le faltaba una noche mágica para calar de una vez por todas en ese elitésco grupo de futbolistas considerados estrellas. Seguro que ahora, todos lo consideran parte de él.
Y está bien, debe estarlo, su consagración, no fue ni siquiera Stamford Bridge, fue la Eurocopa 2008 donde el manchego fue el único jugador de España titular en todos los choques, omnipresente en el medio del campo y figura en semifinales, pues dos de los tres goles que "La Furia" le endosó a Rusia (con Guss Hiddink también en el banquillo) partieron de la bota magistral del nacido en Albacete. Pero así es el fútbol; a veces tarda en ser justo, y sino, pregúntenle a los hinchas culé que debieron esperar 182 minutos.
Rara vez esta disposición divina (así define la Real Academia la palabra justicia) se coloca una camiseta de fútbol y toma parte activa. De hecho estamos acostumbrados a pregonar esa desgastada y eterna premisa que dicta "nadie dijo que el fútbol es justo". Claro, que no está muy lejos de la realidad y la historia así lo demuestra. Pero en Londres hubo una excepción y la justicia apareció. Esta vez, se inclinó a favor del fútbol bonito y no de la mezquindad inglesa.
Habrá quien piense diferente. Y sí, el arbitro influyó, se tragó el pito ante una mano clara de Piqué y perdonó otra falta dentro del área, pero también dejó con 10 a los catalanes por una falta que él se inventó. Sin embargo, todo ello habría pasado por debajo de la mesa si Didier Drogba (el verdadero villano) hubiera encajado al menos una de los cinco oportunidades claras que tuvo durante los 180 minutos de eliminatoria.
Si el marfileño hubiese batido sólo una vez a Víctor Valdés, (tuvo cuatro mano a mano y un tiro libre directo al borde del área), no hubiese dejado espacio para la épica clasificación baulgrana. En cambio, los españoles acertaron en el único tiro a puerta que tuvieron en toda la noche (al mejor estilo del Madrid) y se montaron en el avión con destino a Roma. ¿Injusto? Yo diría más bien que los "Blues" no pudieron darle la estocada final a un Barcelona que estaba moribundo, pero que de pronto, y como en 1992 cuando Baquero obró un milagro parecido, se levantó y dio un zapatazo mortal, uno que dejó abierta la posibilidad del triplete como un sueño intacto y tan lejos como vencer en Roma al todo poderoso Manchester United.
También habrá, quien como el técnico del Valladolid, José Luis Mendilibar, diga que "el fútbol se juega de muchas maneras y el defender bien es jugar bien al fútbol". Si esto fuese cierto, no habría espacio para la duda, el Chelsea fuese el mejor del mundo y su demostración en Londres habría sido para la historia, pues lo planteado por Hiddink rozó la perfección táctica, no dio el mínimo espacio para que el Barsa hiciera su fútbol, aislaron a Messi y Eto tuvo que retroceder en su posición para que se acordaran que él estaba jugando.
¿Y no es el fin único del juego hacer goles, o gana un partido quien defienda mejor sin tener intención o al menos efectividad en ataque? Razón tiene Galeano cuando nos dice que "ahora los once jugadores se pasan todo el partido colgados del travesaño, dedicados a evitar los goles y sin tiempo para hacerlos". Por suerte, hay equipos que aún dejan tiempo para ello, y en Roma, estarán los dos mejores exponentes de ese fútbol que tanto nos gusta.